CICLO SEMBLANZAS | Traducir el anhelo de infinito: Schumann, Beach, Bonis, Vázquez

Feb
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El ciclo Semblanzas te invita a vivir una renovada experiencia musical desde la perspectiva de las mujeres que la han compuesto, interpretado y promovido. Palabra y música se combinan en este ciclo para contextualizar, profundizar y aproximarse a la música escrita por compositoras de distintas épocas. Con una mirada crítica y rigurosa, se tiende la mano a la reflexión y al descubrimiento con un coloquio previo, antesala del concierto.

Semblanzas nos presenta un ciclo de tres conciertos con el que hacer un recorrido crítico:

  • 30 de enero:  sobre la formación, promoción de las artes y la vocación creadora
  • 6 de febrero: sobre la composición y posibilidades de creación
  • 6 de marzo: sobre intérpretes que crean, transmiten y resignifica

Todos los conciertos cuentan con un coloquio previo, que tendrá lugar de 18:30 a 19:00hs en la Biblioteca de la Escuela. Un encuentro que abordará las condiciones de creación de las compositoras, analizando el acceso a la educación musical, las barreras en la edición y difusión de sus obras. Con Ana Vázquez.

Las plazas son limitadas y requiere inscripción* previa a través de este enlace.

*Tendrá que realizar una inscripción individual para cada persona asistente.

En las referencias a la biografía de Amy Beach, es común destacar dos hechos: haber sido la primera mujer en Estados Unidos en publicar y estrenar una sinfonía – la Orquesta Sinfónica de Boston realizó la primera interpretación de su Sinfonía en mi menor, op. 32 en 1896 -, y haber alcanzado reconocimiento como compositora en su país sin la legitimación tradicional de los estudios europeos. Ambos datos se revelan la fractura con la ausencia. Por un lado, la presencia de la sinfonía quiebra la convención histórica que durante décadas delimitó géneros y formatos adecuados según los roles de género. Por otro, la afirmación de un país que, a finales del siglo XIX, ya contaba con instituciones culturales sólidas y que podía reconocerse a sí mismo como espacio legítimo de formación musical. Beach defendió activamente esa idea: Estados Unidos no solo podía equipararse a Europa, sino también construir una identidad propia.

La condición multicultural del país fue explorada por antropólogos y etnólogos y sus estudios conformaron los recursos sobre las que el nacionalismo estadounidense fue tomando forma. Los repertorios y prácticas de poblaciones indígenas fueron trabajadas por los artistas como fuentes de autenticidad e identidad. Partícipe de estos debates, Amy Beach defendió que la música “americana” debía surgir de su propio contexto cultural y no de la imitación europea, y en este marco recurre a materiales indígenas como elementos de autenticidad histórica y simbólica. En su Cuarteto op. 89, utiliza melodías inuit, integrándolas no como mero color local, sino como material estructural que determina la forma, el desarrollo temático y el lenguaje sonoro de la obra

También Mel Bonis compuso desde una clara conciencia de su posición y de los límites sociales que la rodeaban. En su caso, su pensamiento estético se orienta hacia una música de claridad formal y profundidad espiritual, estrechamente ligada a su religiosidad. Lejos de las vanguardias, su lenguaje recoge una tonalidad enriquecida por elementos modales y arcaizantes, siempre al servicio de la comprensión y la medida expresiva.

Dentro del ciclo Femmes de Légende, Salomé ocupa una posición central e ilustrativo del pensamiento estético de Mel Bonis. Frente a otras representaciones fin-de-siècle del personaje —marcadas por el sensacionalismo, la violencia sonora o el exotismo exacerbado—, Bonis propone una lectura más ambigua y contenida, coherente con su profunda espiritualidad y su concepción ética del arte. La pieza no busca el impacto experimental ni la ruptura del lenguaje, sino una intensidad psicológica construida desde una escritura armónica refinada, cromática pero siempre controlada, y un discurso esencialmente cantabile.

También en Cardinales, Ana Vázquez concibe la escritura musical como una forma de representación simbólica: los instrumentos del quinteto de viento funcionan simultáneamente como identidades sonoras diferenciadas —asociadas a divinidades mitológicas griegas— y como un conjunto orgánico, análogo a la rosa de los vientos. Cada movimiento encarna un carácter propio, ligado a un punto cardinal y a una naturaleza específica, pero es en su interacción donde se articula el sentido profundo de la obra: vientos de procedencias distintas, con fuerzas y comportamientos contrastados, que se oponen, se cruzan y finalmente se integran dentro de un mismo espacio sonoro.

La obra se articula en seis secciones interpretadas attacca, que refuerzan una idea de continuidad y transformación. Tras la introducción Eos y Astreo, de textura heterofónica y material compartido entre flauta, oboe y clarinete, Boreas desarrolla una escritura fragmentada basada en microvariaciones gestuales, mientras Austros recupera y transforma el material inicial. El centro expresivo lo ocupa la Rosa de los vientos, con una sucesión de solos de carácter cantable y danzable. Argestes adopta un lenguaje contrapuntístico de carácter fugado e irónico, y Céfiro cierra la obra con una tocata de fuerte impulso rítmico y pulso continuo.

Formada desde la infancia en una disciplina musical exhaustiva, Clara Schumann participó plenamente de la vida musical de su tiempo a través de una carrera concertista que se extendió durante más de seis décadas y de un contacto constante con entornos creativos e intelectuales. Sin embargo, esta integración absoluta en la práctica musical convivió con una duda persistente sobre su propia agencia como creadora. Esta tensión se refleja en un catálogo que se desvela como el producto de una experiencia vital y cultural atravesada por restricciones sociales, expectativas de género y una posición ambigua dentro del mundo musical del siglo XIX

En su producción compositiva se aprecia una evolución desde el virtuosismo característico de las primeras obras hacia un lenguaje más interiorizado y concentrado, especialmente visible en la música de cámara, las obras tardías para piano y los lieder. En este marco se inscriben las Tres Romanzas, op. 22, que, frente a la deriva posterior del género hacia el virtuosismo y el formato casi concertante, recuperan el espíritu íntimo de la romanza mediante una escritura esencialmente cantabile, concebida desde una sensibilidad vocal más que instrumental.

Programa

BEACH, Amy Marcy
Cuarteto de cuerda op 89
Cuarteto Haydn de Pérez-Llorca
Yiqi Chen, Violonchelo
VÁZQUEZ SILVA, Ana Isabel
Cardinales para quinteto de viento
I. Eos y Astreo
II. Boreas
III. Austros
IV. La rosa de los vientos
V. Argestes
VI. Céfiro
Quinteto Debussy de Accenture
BONIS, Mélanie
Salomé para piano op 100
SCHUMANN, Clara
3 Romanzas para violín y piano op 22
1. Andante molto
2. Allegretto. Mit zartem Vortrage
3. Liedenschaftlich schnell
Sanghyeok Park, Violonchelo

Programa

Viernes, 6 de febrero del 2026

19:30

Auditorio Sony, Madrid

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